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Farmacolog��a
Argentina | 11-08-2022

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Fuerte incremento tras la pandemia y más interés por terapias alternativas
Radiografía del consumo de medicamentos: qué fármacos eligen los argentinos y para qué los toman   
Tras una caída durante los años previos a la pandemia, desde 2020 el consumo de medicamentos de venta libre comenzó a recuperarse con fuerza. Este fenómeno convive con otro, que tiene que ver con un mayor interés por la fitoterapia y el reclamo de los pacientes por alternativas naturales para los tratamientos.
Página 12 ( Argentina )
Radiografía del consumo de medicamentos: qué fármacos eligen los argentinos y para qué los toman La industria farmacéutica facturó más de 164 mil millones de pesos durante los primeros seis meses del año. Según el Indec, esto representa un incremento del 48 por ciento en relación con el mismo trimestre de 2021. En cuanto a unidades, en el primer semestre de 2022 también hubo una suba, del 4 por ciento, respecto a 2021. El consumo de medicamentos de venta libre (OTC) pasó de 89 millones de unidades en el primer semestre de 2021 a 92 millones de unidades este año, según los últimos datos de IQVIA, una consultora mundial de servicios de información vinculada al sector de la salud. Sin embargo, este crecimiento convive con otro fenómeno: un mayor interés por la fitoterapia y el reclamo de los pacientes por alternativas naturales para tratamientos médicos.

Los medicamentos que más consumen los argentinos
En términos de facturación, los medicamentos que lideran el ranking son aquellos vinculados al aparato digestivo y metabolismo (con un 17,8 por ciento del total facturado), los antineoplásicos e inmunomoduladores (15,6 por ciento), aquellos que actúan sobre el sistema nervioso, (12,3 por ciento), y el aparato cardiovascular (12,2 por ciento). Sin embargo, la facturación y consumo de unidades no guardan una relación de equivalencia.


De este modo, según el informe sobre la dinámica de consumo de medicamentos de IQVIA, entre 2015 y 2020 el consumo estuvo liderado por medicamentos para el dolor (108 millones de unidades promedio), seguido por aquellos para las enfermedades respiratorias (68 millones de unidades promedio), para la hipertensión (65 millones de unidades promedio) y los dermatológicos (61 millones de unidades promedio).

Además, el gerente general para América Latina de IQVIA, Juan Manuel Santa María, compartió con Página/12 los últimos datos disponibles en torno al consumo de medicamentos de venta libre en el país, que estaban en los 179 millones de unidades anuales en junio de 2018, pero en 2019 cayó a 156 millones. En 2020 se estabilizó en 155 millones y desde entonces no paró de crecer: 174 millones en 2021 y 184 millones en 2022.


“Hoy en día los medicamentos venta libre tienen un volumen de ventas que es superior a 2018 en cinco millones. En el último año crecieron un cinco por ciento”, explicó. Si se compara la evolución en los primeros seis meses de cada año se puede observar el mismo fenómeno. De enero a junio de 2018 se habían vendido 86 millones; 74 millones en 2019, 78 millones en 2020, 89 millones en el 2021 y en 2022, 92 millones.

Los motivos del aumento de consumo
Santa María explicó el motivo: “El principal quiebre de todo esto fue la pandemia. Hubo un resurgir de varias áreas terapéuticas relacionadas con la prevención del covid. Se dio en muchos países de Latinoamérica, donde muchas personas que buscaban de alguna forma protegerse se volcaron a consumir Vitamina C y Vitamina D. Tuvieron una explosión tan grande que hubo faltante en muchos momentos. También se vendieron productos para el tratamiento del dolor, típicamente el paracetamol, que fue la estrella de 2020 y 2021. Este año se recuperó también el ibuprofeno”.

Por su lado, el director del Centro de Profesionales Farmacéuticos Argentinos (Ceprofar), Rubén Sajem explicó a Página/12 que entre los medicamentos de venta libre más dispensados están los analgésicos, digestivos, antigripales, para la tos y antialérgicos. “Nosotros decimos 'dispensar'. No es una simple venta. La dispensa implica que hay una intervención activa del farmacéutico preguntándole para qué lo va a usar, respondiendo a la pregunta de la dosificación, cada cuánto hay que tomarlo, de cómo tiene que conservar el medicamento”, puntualizó.

Unidades y facturación, qué dicen las ventas
De todos modos, tal como se señaló, cantidad de unidades y facturación no siempre van en una misma dirección. Según explicó Santa María, uno de cada diez pesos que se gastan en farmacias son destinados a medicamentos de venta libre. Pero cuando se mira en volumen de unidades alcanza el 27 por ciento de las ventas totales de medicamentos. Es decir, el 27 por ciento del volumen representa el 10 por ciento del gasto.

“El medicamento de venta libre es bastante más barato que el promedio. Esto se da por varias razones. Una tiene que ver con el tamaño de los envases. Los medicamentos de venta no pueden tener un tamaño de envase que haga que el tratamiento dure más de un mes. Tiene que ser un medicamento para un período corto de tiempo. El otro tema tiene que ver con que estos medicamentos no tienen un reembolso de la obra social. Entonces compiten contra medicamentos que cuestan de entrada un 40 por ciento menos”, explicó el directivo de IQVIA.

Otro motivo hay que buscarlo en la promoción. “Cualquiera puede ver la cantidad de publicidades en los medios de difusión de los medicamentos de venta libre. En esas publicidades hay situaciones de fantasía. Se ofrecen hasta como reanimantes o para mejorar la calidad de vida. Pero son analgésicos. Todos ellos producen efectos secundarios. Todas tienen contraindicaciones, que en las propagandas no aparecen”, explicó Sajem a la par que alertó que, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) la mitad de los medicamentos que se les suministran a las personas están mal usados, o mal dispensados, o mal recetados.

“El problema es que los medicamentos se utilizan como un hábito. Las publicidades son muy engañosas y hay que empezar a regular. Eso es más problemático que no tomar un medicamento mientras sea un dolor de cabeza tolerable”, añadió el farmacéutico. Santa María, por su lado, opinó: “Entre los laboratorios farmacéuticos hay una intención de diversificar la cartera del portafolio, hacer productos de venta libre, donde hay un poquito más de creatividad en la promoción y más sensibilidad a la comunicación que va dirigida al consumidor final”.

La fitoterapia como alternativa
“Espero que se pase”. “Intento no tomar nada para no tapar síntomas”. “Tomo agua”. “Si aguanto, no tomo nada”. “Si tengo que ser productiva, tomo algo, si no, no”. “Sólo cuando el dolor es heavy”. “Tomo hierbas naturales”. En este contexto no es raro encontrarse con personas que, ante la aparición de un síntoma, optan por buscar alguna alternativa al medicamento. O dejarlo, únicamente para las situaciones de fuerza mayor. Como la bala de plata.

Florencia Fasanella, farmacéutica especializada en plantas medicinales, vivió este fenómeno en carne propia y en dos aspectos diferentes. Por un lado, con su historia personal y el proceso mediante el que dejó de consumir medicamentos en su día a día —explica que no es “antimedicación”, que toma fármacos a conciencia y dependiendo cada situación, para ella “lo importante realmente es como poder no consumir medicamentos porque sí, sino que realmente tenga un sentido” — y como fitoterapeuta y directora de la Academia Florecer.


“En general tengo consultas de personas de entre 30 y 40 años que están en una época de crisis y cuestionamiento. Pensando qué pueden hacer para sentirse bien, para mejorar su salud. No solo buscan las plantas medicinales, sino que también son conscientes de la alimentación. En general, es un público que está en una búsqueda de lo natural”, relató Fasanella consultada por Página/12.

También, dice, trabajaba con muchos tipos de terapeutas que quieren aprender de plantas medicinales y profesionales de salud. “Hay cada vez más profesionales que se acercan, ya sea porque la gente lo exige como un movimiento necesario, y otro poco porque les interesa tener una mirada más integrativa de la salud”, dice. Los números se pueden ver en su academia: en 2015 tenía un promedio de 10 consultas mensuales y ahora tuvo que poner un cupo máximo de 50 personas. En tanto, en los procesos grupales pasó de dos grupos al año a seis grupos de 30 personas.

Tipos de consumo y edades
“Cada vez más personas son más conscientes de que los medicamentos tienen efectos adversos, que no es una pastillita mágica. Se está volviendo a una conciencia de lo natural. En la naturaleza tenemos muchas herramientas para vivir bien, para tener calidad de vida. Esas cosas motivaron que mucha gente no quiera tomar medicamentos. Responde a que el mundo está cada vez más contaminado, tóxico, más acelerado. Así como que durante la pandemia hubo más gente queriéndose ir de la ciudad”, explicó.

De todos modos, se trata de un movimiento que no es cuantificable. No existen datos en Argentina que aborden el consumo de medicamentos OTC discriminado por edades. De todos modos, sí se puede ver un movimiento en esta dirección respecto a los medicamentos éticos (venta bajo receta).

Santa María, de IQVIA, lo pone en un índice central: “En el país, los pacientes añosos en general están cubiertos por el Pami, son casi 5 millones de personas, un poco más del 10 por ciento de la población. Sin embargo, cuando lo mirás en términos del gasto, los pacientes del Pami, de acuerdo a nuestras estadísticas, se llevan el 37 por ciento de las recetas del país”.

Nueva ley de venta de antibióticos
El Senado aprobó este miércoles de manera unánime la ley de Prevención y Control de la Resistencia a los Antimicrobiano. La norma tiene por objetivo fomentar en la ciudadanía el uso responsable de los medicamentos antibióticos. Por eso, quedará registrado expendio y uso en la salud humana y animal, para evitar que los virus o bacterias se tornen resistentes.

La Resistencia Antimicrobiana se produce cuando los microorganismos patógenos como virus, hongos, parásitos y bacterias que causan enfermedades, se vuelven más resistentes a los medicamentos que se usan para combatirlos. Dado que es una problemática global, se estima que en caso de no controlarse, para el año 2050 puede constituirse en la primera causa de muerte a nivel mundial.