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Políticas
Argentina | 23-05-2020

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Quirós, el hombre que no se distrae   
En medio de la pandemia, el ministro de Salud porteño, ajeno al mundo de la política, afirma que lo suyo es la gestión
La Nación - Sup. Ideas ( Argentina )
Adriana Balaguer
Fernán Quirós es el anteúltimo hijo de una familia llena de médicos. Padre español y pediatra, con consultorio integrado a la casa de Olivos. Madre enfermera, un hermano neonatólogo, otro ginecólogo y él mismo especialista en clínica médica. Diez hermanos en total, casi todos hinchas de River. Menos Fernán, fanático de Boca desde siempre. De palco en la Bombonera y domingos a puro fútbol junto a sus dos varones, su hija y su esposa también doctora, epidemióloga.

–¿Por qué Boca entre tantos millonarios?

–A fines de los años sesenta parece que andaba bien el equipo, y tenía un amigo que era de Boca. Juro que no fue de contra.

–¿Y el nombre Fernán? ¿De dónde viene?

–Contaba mi vieja que cuando nací estaba leyendo un libro sobre Fernán González, conde de Castilla. Mucha creatividad no se podía esperar, yo era el noveno –dice y ríe, lo que no deja de llamar la atención, si se tiene en cuenta que es el ministro de Salud porteño en medio de la pandemia mundial del coronavirus, y que la ciudad de Buenos Aire, donde se concentran unos tres millones de habitantes, es el lugar con más infectados de la Argentina.

“Es su naturaleza. Simpático, con buen sentido del humor. Es el amigo que querés tener por su calidad humana y, de paso, para contar con un médico de primera”, explica alguien que lo trató cotidianamente durante cuatro años en la primera gestión de Horacio Rodríguez Larreta, y al que no le llama la atención el temple que muestra en estas circunstancias.

Un compañero del colegio San Juan Precursor, de San Isidro, que durante el secundario solía compartir con él algún regreso a casa haciendo dedo, también lo recuerda así. “Una buena persona que no generaba conflicto, siempre proactivo y dispuesto a dar una mano, que tenía muy arraigadas las vivencias familiares ya que tenía muchos hermanos y siempre nos contaba anécdotas de su casa”. Además de ser muy buen alumno –era el tercer promedio de la clase– entre sus amigos siempre fue candidato seguro para estudiar medicina.

Sin embargo, no todos valoran de la misma forma su buen carácter, ese control de la situación que parece tener ante sus opositores y ante el periodismo. “Por ahí sumaría que fuera más político, que tirara una chicana de vez en cuando”, sugiere con picardía un asesor de Juntos por el Cambio en alusión a la conferencia de prensa que el martes pasado, una vez más, tuvo al ministro como protagonista. Y lo dice, claro, tras el incidente en el que el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, apuntó contra la Capital Federal por el incremento de los contagios.

–¿Qué piensa cuando lee un tuit en el que lo critican, escrito por un funcionario con el que estuvo hablando un rato antes?

–Es fácil: no entro. Nunca milité en política. Lo mío es la gestión –precisa el ministro, que nació en Olivos, vive en San Fernando y se desvela por lo que pasa del otro lado de la General Paz.

Fernán González Bernaldo de Quirós (así, con su nombre completo, lo llamaban en el colegio) tiene 57 años, estudió en la Universidad de Buenos

Aires (egresó con medalla de honor en 1987) y durante treinta años trabajó y dio clases en el Hospital Italiano. Administraba salud en un ámbito privado y, año a año, quizá porque sentía que era una asignatura pendiente, ampliaba su formación como planificador estratégico de salud pública.

Un día creó en su ámbito hospitalario una unidad gratuita que buscaba acercar políticas de gestión en salud a gobiernos provinciales y de otros países de América Latina. Fue a partir de esa iniciativa que en 2008 conoció a Mauricio Macri, aún jefe de gobierno de Buenos Aires. La Ciudad había decidido centralizar las compras de insumos hospitalarios para optimizar el sistema, y entonces Roberto Gigante, jefe de gabinete del ministro de Hacienda Néstor Grindetti, lo contactó a través de amigos en común para pedirle asesoramiento.

“Acercaba ideas, nos daba una mano. Totalmente ad honorem. Creo que lo único que consiguió a cambio de su trabajo fue ir a la cancha de Boca a ver un clásico con Macri”, recuerda un funcionario del actual gobierno porteño.

Cuando en 2015 Rodríguez Larreta sucede a Macri, pensó en Quirós para el ministerio de Salud. Pero el gremio de médicos municipales vetó esa posibilidad, ya que preferían para el cargo a Ana María Bou Pérez.

De todos modos, Quirós terminó como un virtual jefe de gabinete de la ministra. “Era el verdadero articulador”, recuerdan en el entorno del jefe de gobierno porteño.

Cuando Gigante fue nombrado ministro de Infraestructura de María Eugenia Vidal, entonces flamante gobernadora bonaerense, Quirós le acercó un proyecto para recuperar y construir los centros de atención primaria de salud del área metropolitana. Venía trabajando hacía tiempo en eso. Hasta lo había analizado con Ginés González García en su calidad de reconocido sanitarista. Lejos estaba entonces de imaginar que terminarían chateando a diario, siendo ambos ministros de Salud, en medio de una situación de emergencia sanitaria como la que disparó el coronavirus. El proyecto prosperó y dicen que ayudó a que hoy Quirós conserve una buena relación con varios de los intendentes bonaerenses con los que le toca analizar la situación surgida a partir del Covid-19.

Cuando Rodríguez Larreta fue reelecto, volvió a pensar en Quirós para Salud. Y esta vez sí consiguió sumarlo al gabinete, aunque casi vuelve a quedar afuera por la insistencia del exjefe de ministros de la Nación, Marcos Peña, para que le diera el cargo al ahora exdiputado Sergio Wisky, a quien se le terminaba el mandato en diciembre. Pero su lista salió tercera en Río Negro y quedó fuera de carrera.

Quirós no había terminado de acomodarse en su oficina cuando el coronavirus cambió todos los planes. Contacto permanente con el gobierno nacional, visitas por hospitales y barrios carenciados de la ciudad, largas reuniones con sanitaristas y otros especialistas con los que analiza cómo enfrentar la epidemia, conferencias de prensa casi cotidianas. Nada de todo esto estaba en su radar.

En plena batalla contra el coronavirus, otra suerte de crisis lo puso en la primera plana de los medios de comunicación: la revelación de una compra de 15.000 barbijos descartables, a 3000 pesos cada uno de los importados, y a 77 los nacionales, lo que significaba un precio por encima del valor de mercado.

–Fue muy doloroso. Vine al espacio público a dar. Me duele todo lo que me desvía –comenta el ministro, aún afligido por el escándalo.

El caso se encuentra en la Justicia. Larreta dispuso la renuncia de Nicolás Montovio, el encargado de la compra de insumos y equipamiento sanitario de la Ciudad, que había llegado al cargo de la mano del jefe de gabinete porteño Felipe Miguel. Quien aceptó ocupar ese lugar fue Gigante, el exministro de Vidal que había acercado a Quirós al mundo de la política, advertido de que su amigo ante todo necesitaba contar con alguien de su entera confianza. La relación entre ambos creció tanto en todos estos años que hace un par de veranos, y frente a una afección coronaria del ahora subsecretario de Administración de Salud, Quirós no dudó en dejar a su familia en la playa para asistirlo como médico personal.

El ministro de Salud porteño corre desde los doce años. Es uno de sus principales hobbies, y con seguridad el que más extraña. Pero usa ese entrenamiento a diario. Sabe que la pandemia no se irá rápido, y que es necesario dosificar el aire y la energía. En eso piensa todos los días.