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Ciencia y Tecnología
Brasil | 06-12-2018

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Nació el primer bebé gestado tras un trasplante de útero de donante cadavérica   
La Nación ( Argentina )
Por: Nora Bär
Ocurrió en Brasil. El 15 De diciembre de 2017, nació una beba con 2,550 kilos y en perfecto estado de salud. A los tres días, madre e hija estaban en su casa. Hasta aquí, nada fuera de lo común, salvo por un dato decisivo: se trata del primer nacimiento del mundo logrado a partir de un trasplante de útero de una donante cadavérica y el primero en América latina después de un trasplante de útero.

Una mujer de 32 años, que tenía ovarios y producía óvulos, pero carecía de útero por padecer el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser, un trastorno congénito que afecta a una de cada 4.500 mujeres, recibió el órgano de otra de 45, fallecida por un derrame cerebral. Aunque la donante había llegado a la menopausia siete años antes, su útero estaba en condiciones de gestar. El tratamiento ocurrió en septiembre de 2016, pero acaba de publicarse en la revista médica The Lancet.

"Desde el punto de visto médico y científico: excelente, técnológicamente extraordinario -dice el doctor Mario Sebastiani, obstetra y miembro del Comité de Ética del Hospital Italiano-. Cuando uno trasplanta un útero, tiene que hacer la anastomosis [conexión de los vasos sanguineos] de la receptora con el órgano donado; se trata de un órgano muy pequeñito [pesa 225 gramos] y las dificultades son notables. Pero el procedimiento también plantea aristas éticas complejas, porque para que acepte el órgano se expone a la mujer a los peligros de una cirugía y a la inmunosupresión, que la pone en riesgo de infecciones banales, sin que exista amenaza de muerte (como ocurre con los otros trasplantes, salvo el de córnea y el de riñón) y habiendo alternativas".

El trasplante requirió una cirugía de 10 horas y media, y de altas dosis de inmunosupresores para evitar el rechazo. Seis semanas más tarde, la receptora comenzó a menstruar. Siete meses después del injerto, los médicos le implantaron el embrión obtenido de sus óvulos y de los espermatozoides de su pareja. Tras el parto, los médicos le extirparon el útero trasplantado para poder restituirle el normal funcionamiento de su sistema inmune. En su trabajo, el equipo médico del Hospital das Clínicas de San Pablo manifiesta que este logro facilitará "la adopción generalizada" de esta intervención y sugiere que no solo podría ayudar a mujeres infértiles por dolencias congénitas, sino también a las que sufrieron la extirpación del órgano por infecciones o cáncer.

Se trata de una operación que, por ahora, se considera experimental. El equipo que lleva mayor número de estas operaciones es el del ginecólogo sueco Mats Brännström, que en 2013 anunció el nacimiento del primer bebé por trasplante de útero de donante viva. Desde entonces se realizaron 39, de los cuales nacieron 11 bebés sanos, pero en esta modalidad las donantes son generalmente madres, hermanas o amigas íntimas de las receptoras, con lo que la disponibilidad de órganos es muy limitada.

"Con una donante cadavérica, uno no tiene que poner en riesgo a la donante, y también reduce los costos, porque se evita la hospitalización de una de las mujeres", dijo Dani Ejzenberg, jefe del equipo de la Universidad de San pablo que lideró la investigación. Hasta ahora se habían intentado 10 trasplantes con esta modalidad, pero sin éxito.

Sin embargo, su optimismo no es compartido por todos. "Es un logro técnico muy cuestionable desde el punto de vista ético", dijo Beatriz Domínguez-Gil, directora de la Organización Nacional de Trasplantes al diario El País, de España. En 2016 el comité ético de esta organización analizó estos procedimientos y los desechó, porque plantean más riesgos que beneficios. "En los casos de mujeres que nacen sin útero, al hacer esta intervención prima el derecho de la mujer a la maternidad, pero en nuestra opinión es más importante respetar el principio de no maleficencia [no hacer daño] y también la de hacer un uso adecuado de los recursos públicos", destacó. En la Argentina aún no se registran intervenciones de este tipo, aunque el Hospital Italiano evaluó la posibilidad de poner en marcha un programa.

"Estuve en Gotemburgo cuando se creó la Sociedad de Trasplante de Útero; éramos 50 o 60 médicos de todo el mundo", cuenta el joven ginecólogo Victorio Viglierchio, enviado por el hospital porteño para que se interiorizarse de la técnica.

Según el especialista el protocolo para realizar este tipo de intervenciones no es sencillo. Hay que detectar a las candidatas, generalmente mujeres con una alteración genética, y ubicar a la posible donante. Luego hay que estimular los ovarios, sacar ovocitos, congelarlos, generar embriones y, eventualmente, realizarles biopsias para estudiar los cromosomas. Con respecto a la donante, se prefiere aquellas que no hayan pasado por cesáreas previas, que hayan tenido un nacimiento y frecuentemente se realizan biopsias de endometrio para comprobar la receptividad del útero a trasplantar. "Contar con órganos cadavéricos elimina ciertas dificultades, pero exige tener la técnica muy aceitada, porque interviene un equipo multidisciplinario que involucra a cirujanos, ginecólogos, inmunólogos. -explica Viglierchio-. Cuando se trabaja con una donante viva relacionada la ventaja es que hay mayor histocompatibilidad y se puede hacer una inmunosupresión más leve, a medida de la paciente. En ambos casos, el embarazo posterior es de alto riesgo".

A pesar de los condicionantes, hay quienes creen que estos procedimientos podrían beneficiar a un gran número de pacientes y que negarles el trasplante sería como no darle tratamiento paliativo a un enfermo terminal. Quienes se encuentran en este grupo anticipan que esta técnica se extenderá para ofrecer solución a mujeres que hayan sufrido la extirpación del útero por problemas oncológicos, tumores benignos o infecciones, y para las cuales hasta ahora las únicas alternativas eran la subrogación o la adopción. En el país no hay ley de subrogación, aunque existe jurisprudencia al respecto.

"En Europa ya se está hablando de que el trasplante uterino podría aplicarse en el caso de personas trans -dice Viglierchio-. Técnicamente es posible; el hombre tiene la misma disposición de vasos en la pelvis que la mujer".

Otros se preguntan si es una necesidad médica o un lujo. "El trasplante de útero, a diferencia de otros, no se realiza para salvar la vida de la paciente -destaca Viglierchio-. El objetivo es procrear; la mortalidad y morbilidad a veces son muy altas para justificar el objetivo final que se podría sortear con un útero subrogado. Por eso, frecuentemente se aduce que con esto se intenta lograr la maternidad a cualquier precio. Pero para mí todas las alternativas tienen pros y contras".

"Uno diría ¿no hay una alternativa? -reflexiona Sebastiani-. Porque se la somete a la mujer a un evento muy peligroso para poder gestar, existiendo la subrogación o la adopción. Un principio de la bioética es la justicia. En este caso, la justicia distributiva. El dinero es finito y por lo tanto ¿es lícito invertir tantos recursos en estos casos dejando de lado otros problemas urgentes de la salud pública? 'Gestar' no debería ser 'maternar'. Claro que en medicina se hacen una cantidad de cosas que generan éxitos: en la medicación, en el recurso humano, se exploran periferias que tienen el sentido de ir estimulando la creatividad, el pensamiento, llevar las fronteras más allá".

Por su parte, el especialista en medicina reproductiva Ramiro Quintana, director del Ifer, considera que es imperioso tener en cuenta aspectos legales y sociales. "Es factible, pero implica riesgos -afirma-. En el caso de la subrogación, acá se han realizado pero hay menos de una decena de niños nacidos por ese método".

Autoridades del Incucai hicieron saber que en la actualidad en la Argentina no hay ningún grupo que haya iniciado este tipo de trasplante. No está incluido dentro de las prácticas de técnica corriente y, de iniciarse, debería ser en el marco de un protocolo de investigación. Hace dos años hubo una reunión con la Sociedad Argentina de Ginecología y Obstetricia y cirujanos de la Fundación Favaloro, el Hospital Austral y el Hospital Italiano con la intención de desarrollar un protocolo, pero todavía no está en marcha.